¿Velocidad o comprensión lectora?

¿Velocidad o comprensión lectora?

Un diario tituló su portada con la siguiente frase: “¿Cómo saber si mi hijo entiende lo que lee? Cuente y cronometre: en primero básico lo aconsejable es 56 palabras por minuto”. En su interior se desarrolla un artículo en el que se aborda la comprensión lectora, pero sin embargo gran parte de su contenido, además del título en portada, apunta a la fluidez y velocidad lectora. ¿Por qué esto es un problema? Por varios motivos.

Por Trinidad Castro, Coordinadora de Redes de Fundación Educacional Oportunidad. 

El desarrollo de la comprensión tanto oral como escrita ha sido ampliamente estudiado, y hace varios años se ha venido planteando algo en lo que, a estas alturas, todos aquellos que trabajan en educación deberían concordar: leer no es solo decodificar. Leer es comprender, y comprender es una habilidad de orden superior, que no se da sólo porque un niño sea capaz de juntar letras y palabras o de respetar la puntuación, sino que involucra procesos más complejos.

Si bien la fluidez y la velocidad lectora son elementos que deben considerarse, si promovemos que se evalúe el número de palabras que puede leer un niño por minuto, estamos concentrándonos sólo en la velocidad lectora y no necesariamente en la comprensión. Si lo pensamos, la relación entre comprensión lectora y velocidad va a depender de varios factores, incluso en lectores adultos “expertos”. Así, por ejemplo, si leemos un texto con palabras que nunca antes habíamos escuchado, o de un tema muy complejo, o completamente nuevo para nosotros, es probable que podamos leerlo de forma veloz, respetando reglas de puntuación sin problema. ¿Pero estaremos comprendiendo? No necesariamente. Como adultos, muchas veces al encontrarnos frente a un texto complejo y con vocabulario desconocido, nos vemos en la obligación de releer una o dos líneas, volver atrás, repasar, para realmente poder comprender esa lectura, y ser capaces de llevarla un nivel más allá, como resumir, conectar lo leído con nuestras propias experiencias, interpretar u opinar de aquello que hemos leído. Y en la práctica, eso puede disminuir la cantidad de palabras que leemos por minuto, pero en beneficio de nuestra comprensión.

En el caso de los niños, muchas veces estos procesos de comprensión se desarrollan de forma natural, y muchas otras hay que apoyarlos desde la escuela y el hogar para reforzarlos. Pero nuevamente, como fundación creemos que este apoyo no debe centrarse en la cantidad de palabras que son capaces de leer, sino en otros elementos.

Por nuestra experiencia en terreno a través del proyecto “Un Buen Comienzo”, creemos que solo lograremos que nuestros niños comprendan lo que leen cuando se sientan motivados hacia la lectura, cuando las situaciones y personajes les sean significativos, y cuando se refuercen estrategias específicas de comprensión, como resumir, predecir y hacer conexiones. Lograremos que comprendan cuando ampliemos su vocabulario, cuando puedan conversar sobre lo que están leyendo, y no sólo contar las palabras que han leído, sobre todo si sabemos que cada niño tiene su propio ritmo y su forma de adquirir estos aprendizajes. Como menciona Alejandra Meneses en el artículo citado, conversar antes, durante y después de la lectura, la enriquece, y a través de preguntas al texto, los niños pueden comprender los procesos que vive cada lector cuando se enfrenta a un libro.

Ciertamente la fluidez lectora facilita la comprensión, pero no necesariamente la define. Primero, generemos interés por los cuentos. Luego, trabajemos en la comprensión lectora. Si logramos esto, probablemente la fluidez y la velocidad vendrán por sí solas

María Amparo Lobos Estay
Subdirectora Académica
Colegio San Antonio de Matilla

                                                                                                                                                                                                                                               

La Importancia de Planificar

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Planificar es una tarea fundamental en la práctica docente porque de esta depende el éxito o no de tu labor docente, además de que permite conjugar la teoría con la práctica pedagógica.

Muchas veces no comprendemos el significado de planificar antes de ir a clases, porque se tiende a asumir esta tarea como una “suerte de trámite con el que hay que cumplir frente a la Dirección del Colegio” o de la “Unidad Técnico – Pedagógica” y frente a los diversos estamentos de supervisión educativa, sean estos de tipo provincial, regional o nacional.

Desde este enfoque, la planificación se transforma en una actividad más bien mecánica, que no coincide del todo con el desarrollo de las clases en la práctica.

Sin embargo, planificar es una tarea fundamental en la práctica docente, pues permite unir una teoría pedagógica determinada con la práctica. Es lo que posibilita pensar de manera coherente la secuencia de aprendizajes que se quiere lograr con los estudiantes.

De lo contrario, si no se piensa previamente lo que se quiere hacer, es posible que los alumnos y alumnas perciban una serie de experiencias aisladas, destinadas a evaluar la acumulación de aprendizajes más que la consecución de un proceso.

La clave está en comprender la planificación como un “modelo previo”, que nos permite pensar en la práctica docente que nos viene de la experiencia de años anteriores, a fin de mejorarla en futuras oportunidades y no como una imposición.

La planificación es lo que se quiere hacer en teoría, aunque no siempre resulte en la práctica. No obstante, no obtener el resultado deseado no significa que la planificación no sea buena, sino que hay que modificar aspectos en ella según el contexto en el cual se trabaja.

La importancia de planificar radica en la necesidad de organizar de manera coherente lo que se quiere lograr con los estudiantes en el aula. Esto implica tomar decisiones previas a la práctica sobre qué es lo que se aprenderá, para qué se hará y cómo se puede lograr de la mejor manera.

Desde este punto de vista, es relevante determinar los contenidos conceptuales, procedimentales y de actitudes que se abordarán, en qué cantidad y con qué profundidad.

También hay que pensar en la finalidad de lo que estamos haciendo, ya que para los alumnos y alumnas resulta fundamental reconocer algún tipo de motivación o estímulo frente al nuevo aprendizaje.

Finalmente, se debe considerar también la forma más adecuada para trabajar con los estudiantes, pensando en actividades que podrían convertir el conocimiento en algo cercano e interesante para un grupo, dentro de un determinado contexto.

Por eso se recomienda modificar las planificaciones cada año, de acuerdo a los grupos con que se trabajará y su entorno, dando relevancia a las posibilidades ecológicas del colegio, a los recursos digitales que posibiliten la integración de todos(as) en el diseño de las actividades, a los valores y ejes transversales relacionados y a los diversos actores relacionados, que pueden ayudar a la profundidad en la calidad del aprendizaje, basados en la innovación educativa y en una visión global de la realidad educativa local, que a diario vive cada aula, y con ella los alumnos(as) de cada uno de los colegios de Chile

Estrategias de enseñanzas.

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Las estrategias de enseñanza son los métodos,técnicas,procedimientos y recursos que se planifican de acuerdo con las necesidades de la población a la cual va dirigidas y que tiene por objeto hacer más efectivo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Para el logro de los objetivos el docente puede tomar en cuenta elementos tales como:

1.-La motivaciones y los intereses reales de los estudiantes.

2.-Ambiente motivante y adecuado al proceso enseñanza-aprendizaje.

3.-Posibilidad por parte de los educandos de modificar o reforzar su comportamiento.

4.-Utilización de recurzos naturales del medio ambiente y adecuados a la realidad de las situaciones de aprendizaje.

El docente como mediador del aprendizaje debe conocer los intereses y diferencias individuales de los estudiantes (inteligencias multiples).así como conocer estímulos de sus contextos : familiares,comunitarios, educativos y otros, además de contextualizar las actividades.

Todo docente tiene el deber de hacer que el alumno investigue, descubra y compartas sus ideas.